Blogia

Democracia.org.ve

¿Por qué hay violencia en Venezuela?

¿Por qué hay violencia en Venezuela?

Por: Víctor Manuel Pérez Martínez

Es una pregunta que nos hacemos todos los días. La violencia la vivimos en los barrios, en el tráfico, en la vida familiar, en el trabajo y en cualquier lugar. La tolerancia, que siempre había caracterizado a nuestro país, ¿la hemos perdido? Quizás, ¿hay quienes juegan a la violencia para obtener o conservar el poder?                                                                                                 El ingreso por concepto de petróleo le ha permitido a este país mantener cierto grado de estabilidad. Somos testigos de las crisis políticas que han estado surgiendo en otros países latinoamericanos. Pero nuestra crisis está allí, latente, y hay quienes desearían que explotara sin medir las consecuencias que puede generar. Jugar al caos es una estrategia peligrosa.

 Los venezolanos somos una población trabajadora, solidaria y generosa. A pesar de las dificultades, cada día hay filas de adultos, jóvenes y niños que tratan de sobrevivir, trabajar y de soñar con un país distinto. Los violentos, los delincuentes y los sectores conflictivos no deben ser la imagen de nuestro pueblo. ¿Por qué la violencia? Podemos mencionar varias variables: 1) Recordar que hay personas que han crecido en un contexto de violencia, pobreza extrema y drogas; una situación que genera violencia, la cual no se justifica. 2) Tenemos un gobierno que no garantiza la legalidad, la seguridad y la convivencia. 3) La "violencia con status", es decir, aquellos individuos que generan violencia porque le conviene a sectores políticos y económicos. 4) La presencia en nuestras calles de la droga, las armas y de un mensaje antidemocrático (como el de "patria o muerte"), no nos garantiza un futuro muy alentador.

 Todos tenemos un porcentaje de responsabilidad en la estabilidad y en la paz de nuestro país, pero es el Estado, a través de sus instituciones y representantes, quien debe dar el ejemplo y el testimonio. La mayoría de los venezolanos aceptamos que se mejore las condiciones de vida, pero sin el abuso del poder "real" o "verbal" de la autoridad. Pedimos respeto a nuestra soberanía, pero no que un reducido grupo quiera jugar a la guerra. Lucharemos por la libertad, pero cuando eso implica muerte, odio, rencores o desprecio en nombre de un "sistema", es porque la idea de la revolución es una máscara en donde se esconde la mentira, la tiranía, el autoritarismo y la violencia.

El viaducto ¿el único problema?

El viaducto ¿el único problema?

Por: Víctor Manuel Pérez Martínez 

El colapso del viaducto Caracas-La Guaira es uno de los signos visibles del abandono, ausencia de seriedad, corrupción y debilidades de los últimos gobiernos, incluyendo el actual. El viaducto era una de las vías terrestres de mayor importancia para el país por ser, prácticamente, la única vía de enlace del centro del país con el mundo, ¿se justifica el haber llegado a la situación actual??...................... 

Ojalá el interés que han puesto nuestros políticos en solucionar los problemas de otros sea el mismo en solucionar los que existen en Venezuela.

El viaducto Caracas-La Guaira es uno de los problemas tangibles, localizables, con alternativas de proyectos presentados en casi todos los gobiernos, donde está en juego la vida de personas y el desarrollo económico del país; pero, no ha sido prioridad sino hasta que lo urgente es impostergable. También, como siempre en nuestro país, los errores no son de los gobiernos presentes, sino de los pasados. La gerencia no parece ser una de las características de los gobernantes. El tener la capacidad de prever situaciones evidentes no parece ser una estrategia política, pero si lo es aprobar medidas poco realistas para sostener situaciones, como la del viaducto, insostenibles. ¿Por qué hacer esfuerzos durante tantos años en mantener una estructura que tenía una vida útil que llegaba a su fin? Peor aún, ¿por qué no haber acelerado la construcción de un segundo viaducto o de una vía alterna? En cualquier caso, y en todos los períodos presidenciales, el dinero que hemos invertido en esa estructura (nuestro dinero) ha sido invertido en mantener a quién.

No pongo en duda que la vía alterna esté en el tiempo fijado por el gobierno. No hay otra opción. Sin la vía Caracas-La Guaira estaríamos al borde de llevar a situaciones difíciles sectores importantes de la economía local. En estos casos la demagogia tradicional no puede suplantar la realidad, por mucho que el discurso trate de justificar la inoperancia de acciones concretas sobre una situación que se conocía. Lo que preocupa es ¿cómo se manejan los otros problemas que afectan a nuestro país? ¿Cuáles colapsos debemos esperar para actuar?

La Iglesia y la política

A todos los gobiernos les gustaría no tener voces que contradigan su forma de actuar, pero, en una sociedad democrática, es precisamente el debate público el que permite el avance de la sociedad. Es cierto que en algunas ocasiones el debate se limita a la denuncia, al cuestionamiento, con falta de seriedad en los planteamientos y a una actitud simplista, solamente por estar en el foro público. No obstante, es en el intercambio de posiciones donde se encuentra uno de los componentes básicos del sistema democrático.

Entre las instituciones que han levantado su voz ante las injusticias que Venezuela ha tenido que vivir se encuentra la Conferencia Episcopal Venezolana, y en concreto algunos de sus Obispos. Es de entender que en algunos casos la politización del país ha creado confrontaciones no esperadas ni deseadas, pero también eso es parte de la discusión política. En los últimos años la mayoría de los obispos del país han tenido que compartir sus compromisos pastorales con la realidad política y social, pero eso también es parte de los tiempos que vive nuestra nación. Algunos quisieran una jerarquía menos polémica o complaciente, en definitiva consideran que su interés es espiritual no terrenal. Quizás olvidamos que la doctrina social de la Iglesia atañe a todo aquello que tiene como sujeto el ser humano. No puede haber una separación entre fe y vida, de lo contrario la fe es simplemente algo de moda, de conveniencia o un componente demagógico. Afortunadamente hay obispos que asumen su compromiso pastoral tratando de mantener un equilibrio entre la preocupación espiritual y social del hombre. Esto no índica que la prudencia, también en el discurso político, puede ser buena consejera, y en especial en una institución como la Iglesia, abierta al hombre. Pero, cuidado con el discurso de Hugo Chávez de división y de confrontación, necesita construir enemigos para evadir las responsabilidades.

Seamos creyente o no, la iglesia en el país ha ofrecido desde hace varios años un compromiso social de gran importancia. No es una institución que está ausente de la realidad nacional. Como toda organización humana tiene sus objetivos, dificultades, logros, fracasos y éxitos; miembros que están comprometidos con sus objetivos y otros que deberían repensar su vocación sacerdotal o religiosa. Allí están sus documentos y especialmente su obra. Quizás sea necesaria una participación más activa del laicado, el cual, en algunas ocasiones pareciera estar ausente de los grandes debates públicos que ocurren en el país. ¿Dónde están los católicos de las escuelas, universidades o movimientos de apostolado? La denuncia y la propuesta de soluciones políticas y constitucionales son espacios en donde el laicado, que se autodenomina católico, debería estar presente.

vmperezmven@yahoo.com